A PROPÓSITO DE LOS MUSEOS*

por Jorge Orlando Arredondo

La Revolución de las telecomunicaciones y el acceso al transporte terrestre y aéreo ha generado un aumento en el consumo de artículos y servicios que hasta hace poco tiempo no despertaban interés en los demandantes, por considerar que sus costos eran inalcanzables. El esparcimiento no escapó a la regla general, el ocio se restringía a bienes y servicios que eran percibidos en el entorno.

“Nuestras economías están irreversiblemente conectadas y nuestras culturas también lo están. Mirémonos a nosotros. Nos vestimos casi de la misma forma. Tenemos coches de las mismas marcas. Ustedes saben que es Coca Cola y yo sé bailar el tango. Todos miramos por televisión y leemos en los diarios las mismas noticias internacionales. El mundo es cada día más pequeño”¹

El ocio ha perdido así su carácter negativo, ha dejado de ser la actividad reservada para unos pocos privilegiados, y se ha convertido en el objeto de interés de organizaciones de negocio. El museo forma parte de este mercado, cumple con su función como conservador del pasado de los pueblos, como vidriera de expresiones, como educador y centro atractivo capaz de dirigir demanda.

Al concebir la cultura como el producto de una sociedad en un momento del tiempo, al ciudadano le asiste el derecho de pensarse parte integrante de ella, y por lo tanto de dialogar con los sujetos del pasado. Tal diálogo requiere de espacios adaptados en forma diferente, no limitados a una mera exposición de objetos.
Hoy la visita a un museo, ya no sólo se reduce a una actitud pasiva de contemplación de objetos sino que se piensa como una forma de participación activa; como espacio de diálogo del visitante con la fracción temporal y espacial de la cultura en él resguardada.

El museo deja de ser objeto de interés sólo para un grupo reducido de personas que tradicionalmente han sido asiduos visitantes, para transformarse en un verdadero receptor de demanda generalizada, permitiendo en nuestros tiempos estratificarla por las actividades que lo agrupan, investigación, esparcimiento, curiosidad y educación.
El museo deja de ser un lugar distante, intocable y se transforma en otro de diálogo y experiencias. Dicho de otro modo, el nuevo museo, conforme lo construye la demanda, se convierte en un colector de dimensiones, las que solo pueden ser identificadas a través de los elementos de las colecciones que contiene, es decir, una parte de la demanda, en las actuales condiciones de globalización, no se satisface en la mera contemplación de los objetos, encontrando en ellos una forma de transportarse.
A todo esto, cabe preguntarse, ¿Qué papel juegan las empresas en esta nueva concepción de museo?
El Estado se hizo cargo desde fines del SXIX y principio del SXX de las primeras inversiones en materia cultural, creando instalaciones de preservación del patrimonio cuyo fin fue la construcción de una identidad estrictamente nacional de acuerdo a los tiempos. En nuestra realidad resulta casi inverosímil culpar de inoperante al Estado por la falta de mayor presupuesto para el mantenimiento de las colecciones que integran los mismos, asumimos que otras prioridades son las que prevalecen. Se entiende que el Estado no considera a la cultura como una necesidad prioritaria, y menos aún una actividad redituable, desde nuestro punto de vista esta afirmación es desacertada.
Son justamente las actividades culturales y turísticas las únicas capaces de generar capacidad de trabajo en el corto plazo y con mínimas inversiones. Para ello es posible aprovechar la expansión de las actividades culturales y turísticas, actividades posibles de ser ejecutadas por microempresas.
Las nuevas formas de organización de la producción han generado procesos de alta concentración, acompañados por otros de gran nivel de exclusión. Esto ha generado en nuestros países la desaparición de la pequeña y mediana empresa, generadoras netas de empleo, que fueron reemplazadas por empresas monopólicas de capital predominantemente transnacional. Las tecnologías de producción y distribución utilizadas por ellas traen como consecuencia la eliminación del empleo, lo que genera altos niveles de desocupación y subocupación, sin olvidar que el beneficio de la producción migra hacia el origen de los capitales inversores.
En la actualidad, una de las principales preocupaciones consiste en crear nuevos nichos de empleo. Una vía de solución es la posibilidad de aprovechar la expansión de actividades culturales y turísticas que pueden ser ejecutadas por microempresas. A nivel mundial son los pequeños emprendedores los que se ven atraídos para desarrollar un sin número de actividades ligadas al quehacer de los museos y otras actividades culturales, ya que este tipo de accionar económico requiere de una producción en pequeña escala que implica, entre otras cosas, uso intensivo de mano de obra, sobre todo familiar, un tipo de organización simple, con escasa división del trabajo y poca dotación de activos fijos. Con lo cual no solo mejora el panorama del mercado laboral sino que incide directamente en el mejoramiento de la calidad de vida de la población.
Sin lugar a dudas, una de los obstáculos que afectan al desarrollo micro-empresarial es la carencia de información. Entonces, resulta necesario habilitar canales de comunicación fluidos que permitan a estos sectores poder planificar su producción con niveles mínimos de incertidumbre. En otras palabras, el que estos sectores de la producción puedan planificar su actividad y adaptarse rápidamente a los cambios en el mercado respecto a volúmenes y calidad de la demanda, no solo hace crecer el mercado al asegurar su medio de existencia sino que favorece a la economía en general al ampliar las fronteras del mismo. Mercado que no compite con el de la empresa monopólica sino que aprovecha nichos no cubiertos por ésta. Lo que intentamos en primer lugar es abrir un espacio de discusión y conocimiento poco abordado en la actualidad, presentando una visión estratégica de actividades que tradicionalmente se han considerado no lucrativas y filantrópicas, vinculándolas con otras eminentemente de negocios y desarrolladas por las unidades más pequeñas, que en la actualidad presentan capacidad de respuesta inmediata a los problemas de empleo.

* El presente texto se realizó en base a un libro de mi autoría, titulado El Mercado Cultural y la Microempresa. (2011) Ed Académica Española. Alemania.
[1] El Museo Desde una Perspectiva Empresaria  (1ª: 1999 : San Juan, Argentina), ciclo de conferencias. La exposición que aquí se cita es la perteneciente a Thomas E. Chavez, que tuvo lugar en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de San Juan.